Arte con abejas
Además de la pintura tradicional con pincel, exploro otras maneras de hacer nacer una imagen. En la serie Charcos que se secan trabajo, por ejemplo, con los procesos naturales de la lluvia, la disolución y el secado, y utilizo arcillas locales y biocarbón sobre lienzo.
Desde 2011 colaboro también con mis propias abejas. En las colmenas coloco cartas dirigidas a las abejas, poemas, kōans, retratos de políticos controvertidos, papeles de colores u objetos escultóricos de madera, piedra y hormigón.




Las abejas reaccionan de forma natural a estas intervenciones: roen, aplican propóleo o levantan estructuras de cera. Algunos resultados de su interacción con los artefactos introducidos son verdaderamente sorprendentes.
Hoy hay toda una serie de artistas que trabajan con abejas vivas, pero lo que distingue mi planteamiento es el énfasis en la imaginación: provoco deliberadamente al espectador para que se pregunte si las abejas pueden comprender al ser humano o comunicarse con él.
Desde 2025 experimento también con una plaga de la apicultura, la polilla de la cera (Galleria mellonella), que durante la pupación traza pequeñas incisiones en las paredes de madera de la colmena.
Interacción de las abejas y otros trabajos conceptuales: arte conceptual
Texto del artista
Coactoras con otras intenciones: esa es, seguramente, una descripción bastante exacta. Pero ¿saben lo que yo veo en ellas? Un elemento con designios propios, que solo podemos imaginar. Y los imaginamos.
Siento un gran respeto por la ciencia racional. ¡Pero! Por otro lado, la realidad vivida se resiste a veces a la explicación racional. Sin contar con que la mayor parte de la humanidad se adhiere a alguna de las religiones monoteístas, a la creencia de que hay una verdad superior detrás del telón. La ciencia estudia también los fundamentos geográfica y biológicamente determinados de ese rasgo de la mente humana. Como especie tenemos, seguramente, una inclinación a ello. A creer en lo sobrenatural y a examinarlo lógicamente.
Las abejas tienen su propia inteligencia. Y pulsiones, y capacidad de comunicación y de cooperación instintiva de los individuos en beneficio de todo el superorganismo. Casi con seguridad no comprenden nuestra percepción. Casi con seguridad no saben que las cría un ser humano, un simbionte poderoso, ¿o un parásito? que las tiene por completo en su poder y que, si considera la colonia sin futuro o si se lo ordenan los servicios veterinarios, mata a toda la colonia con una sola mecha de azufre. Casi con seguridad no leen ningún texto humano, pero tienen sus propios «textos» en la danza de las abejas. Casi con seguridad no leen mis imágenes depositadas en la colmena, pero quizá, quizá sea posible, porque también nosotros vemos y también las abejas ven, y algunas imágenes tal vez las perciban de manera parecida.
Y a mí me interesa provocar esa parte no racional de nuestra mente. Me interesa ese casi de la expresión «casi con seguridad». Siento un placer, ese placer a la manera de Kokolia, cuando les describo a los espectadores que les dejo a las abejas poemas y cartas y espero respuesta, y la gente se echa a reír. ¿Qué tiene eso de gracioso? ¿Se ríen de la ingenuidad del autor, que se burla de ellos o de sí mismo? Y luego las abejas «terminan de pintar» con precisión los cuerpos del cuadro Seres del bosque, y un psicólogo infantil atribuiría su ejecución a un niño de tres o cinco años muy despierto.
Casi con seguridad las abejas no quieren crear arte, exponerlo y sacar de ello algún provecho, ni siquiera en colaboración con el ser humano. Apartan un obstáculo y, igual que el agua, el viento o un conejo en su conejera, interactúan con su entorno. Instintivamente. Hasta ahí la razón, ¿verdad?
No olvidaré mencionar mi experiencia de una crisis mental en el año 2000, un periodo de conciencia alterada que cambió mi percepción de la realidad. Las abejas nunca cayeron realmente dentro de aquello; nunca tuve percepciones esquizofrénicas de comunicarme con ellas dentro de los límites de la inteligencia humana.
Es más bien ese humor zen en el que estoy anclado racional y emocionalmente en el momento presente y conozco la realidad con verdad, y al mismo tiempo trabajo con el tema de ese filo entre mundos, mundos formados por distintos tipos de mente, porque parto de la experiencia directa del zazen, en la que la percepción cambia y resulta difícil de describir; entonces pienso menos con pensamientos verbalizados que con mi espalda, que enderezo, soy. Y entonces se me ocurre cómo piensa una colonia. Que me huele y que, cuando no la engaña el ahumador, me lanza, como a un depredador mamífero, sus aguijones a la cara, a los ojos.
¿Cómo vive su mundo la colonia que quiero, que trabaja con tanto esmero y huele y zumba?
Con todo eso voy después, con los papeles roídos por las abejas, hacia el espectador humano, y este se hace entonces su propia idea del asunto.

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